Puntos clave
BlackRock prevé que los contratos estandarizados de cómputo se negocien como futuros cotizados en bolsa, con derechos de capacidad usados como garantía y liquidados sobre infraestructuras programables
La previsión aparece en The Machine-Native Economy, un informe de investigación que la gestora publicó la semana pasada
Cita el acuerdo de Stripe para comprar OpenRouter, valorado en más de 7.000 millones de dólares en agosto, como la primera señal estratégica de ese giro
BlackRock anticipa que la potencia de cómputo se convertirá en un activo financiero negociable, con contratos de futuros listados en mercados organizados, garantías sobre capacidad y liquidación en cadenas de bloques, según un informe de investigación publicado la semana pasada por la mayor gestora de activos del mundo.
Su escenario va más lejos que cualquier otro planteado públicamente por una gran institución sobre el mercado de cómputo.
En el documento, BlackRock sostiene que la capacidad de procesamiento está "convirtiéndose en un recurso económico diferenciado, de gran tamaño y cada vez más invertible, que podría sustentar una nueva clase de activos digitales", y que la creación de contratos para negociarla es un desafío de diseño, no de viabilidad.
Un mercado de materias primas en todo menos en el nombre
El informe traza un paralelismo explícito con las materias primas. A medida que han crecido, los grandes mercados de recursos han desarrollado infraestructuras de negociación, recuerdan los autores, y "el cómputo podría seguir una senda similar a medida que la adopción de la IA se generalice".
El equipo de BlackRock espera "productos estandarizados, incluidos futuros de cómputo cotizados en bolsa, que faciliten una formación de precios más transparente y coberturas más eficaces tanto para proveedores como para usuarios de capacidad de cómputo". Esos contratos estandarizados, añade el texto, podrían generar derechos sobre capacidad que puedan "representarse, transferirse, pignorarse como garantía y liquidarse mediante infraestructuras programables".
BlackRock reconoce, no obstante, los obstáculos. Las generaciones de chips difieren radicalmente en productividad, los costes energéticos varían de forma abrupta entre regiones y no existe un estándar sobre cómo se entrega la capacidad contratada ni cómo se liquida en efectivo. Califica estos puntos como "cuestiones de diseño importantes pero, en última instancia, resolubles".
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La señal de los 7.000 millones de Stripe
La prueba más tangible que aporta el informe es el acuerdo de Stripe para adquirir OpenRouter, una plataforma que enruta cargas de trabajo de IA entre más de 400 modelos de más de 80 proveedores.
Medios financieros situaron el precio de la operación en más de 7.000 millones de dólares en agosto. Stripe no ha hecho públicos los términos.
BlackRock interpreta la compra como "una señal estratégica temprana de que el enrutamiento de modelos y la optimización del uso de cómputo están pasando a formar parte de la infraestructura financiera que rodea a la IA". El comprador es la clave: que una empresa de pagos adquiera un router de cómputo se sitúa exactamente en el cruce de caminos que describe el informe.
La inferencia es el detonante
La economía del cómputo cambia por el uso principal que harán de él los sistemas de IA.
Citando estimaciones de McKinsey, el documento apunta que la inferencia, y no el entrenamiento, pasará a ser la mayor carga de trabajo hacia 2030, concentrando el 43% de la demanda eléctrica de los centros de datos a escala global, frente al 28% del entrenamiento.
Los compradores de capacidad de entrenamiento son pocos y muy concentrados. Los compradores de inferencia son muchos y atomizados, precisamente el tipo de estructura que favorece la aparición de un mercado líquido frente a simples contratos de suministro.
Las estimaciones de consenso recogidas en el informe sitúan los ingresos combinados de los grandes segmentos de nube de los hiperescaladores cerca de 1,1 billones de dólares en 2030, lo que implica una tasa de crecimiento anual compuesta del 29% desde 2025.
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