La dificultad de minería de Bitcoin (BTC) cayó un 7,76% en el bloque 941.472, pasando de aproximadamente 145,04 billones a 133,68 billones, uno de los mayores ajustes a la baja en la memoria reciente y el sexto ajuste de 2026.
La caída empuja la dificultad a cerca de un 10% por debajo de su nivel de cierre de 2025 y supera el descenso del 7,93% registrado en diciembre de 2022, en el fondo del último ciclo bajista, según datos de TheEnergyMag.
La dificultad se ajusta automáticamente cada 2.016 bloques para mantener un tiempo medio de bloque de 10 minutos. Un ajuste a la baja de esta magnitud refleja que los bloques se han producido de forma constante más lenta que el objetivo, una consecuencia directa de que los mineros apagan sus máquinas y no de una interrupción temporal.
Qué está impulsando la caída
El hashrate de la red de Bitcoin ha caído a aproximadamente 915 exahashes por segundo, por debajo del nivel de 1 zettahash por segundo que mantenía anteriormente. El hashprice —los ingresos diarios por petahash por segundo— ha caído hasta unos 31 dólares, muy por debajo del umbral de unos 40 dólares que muchos operadores usan como referencia de rentabilidad.
A estos niveles, los mineros con mayores costes de electricidad o financiación están reduciendo o deteniendo sus operaciones, lo que a su vez ralentiza la producción de bloques y desencadena un ajuste a la baja de la dificultad.
Entre los factores que contribuyen se encuentran unos precios de Bitcoin más débiles —el activo cotizaba cerca de 72.400 dólares al momento de escribir, aproximadamente un 43% por debajo de su máximo histórico de octubre de 2025— junto con el impacto continuo del halving de abril de 2024, que redujo a la mitad el subsidio por bloque.
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Concentración y dinámica competitiva
Cuatro pools de minería —Foundry USA, Antpool, ViaBTC y F2Pool— controlan actualmente aproximadamente el 70% del hashrate global, según datos de CoinWarz.
Esta concentración es notable para una red que depende de la participación distribuida para mantener su seguridad.
Para los mineros que siguen operando, la caída de la dificultad supone una mejora a corto plazo en la rentabilidad. Con el mismo hashrate ahora capaz de producir más bloques, los ingresos por unidad de potencia de cómputo mejoran proporcionalmente, suponiendo que el precio de Bitcoin y las comisiones de transacción se mantengan estables.
Que este alivio se traduzca en una recuperación del hashrate o en una mayor reducción dependerá de si las condiciones justifican que los mineros vuelvan a encender las máquinas desconectadas durante el próximo período de dos semanas.
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