Un pastor de Florida ha demandado a OpenAI y a su director ejecutivo, Sam Altman, alegando que ChatGPT ignoró durante seis semanas señales de alarma médicas antes de que un coágulo sanguíneo casi acabara con su vida.
Claves del caso:
- Scott Winters sostiene que ChatGPT-4o restó importancia a sus mareos y le recomendó permanecer en un sillón reclinable, una pauta que sus médicos vincularon después con la formación de coágulos.
- La demanda solicita que un tribunal suspenda ChatGPT Health hasta que auditores externos certifiquen que el producto es seguro.
- OpenAI sostiene que su chatbot no es un médico y nunca debe sustituir una atención sanitaria profesional.
La demanda contra ChatGPT y la cronología de Winters
Scott Winters presentó la demanda ante el Tribunal Superior de San Francisco, incluyendo a Altman junto a la empresa que dirige.
Afirma que recurrió al modelo GPT-4o a lo largo de 2025 mientras sufría episodios recurrentes de mareos y altibajos de tensión arterial.
Según su relato, el chatbot le indicó que permaneciera reclinado en su sillón y fijó como umbral de gravedad que sufriera entre ocho y diez episodios adicionales antes de considerar su cuadro como serio.
Horas antes de desplomarse, el 13 de julio de 2025, preguntó al chatbot si la sensibilidad y dolor en la ingle justificaban acudir a urgencias. La respuesta se apoyó en su fe, asegurándole que «Dios no diseñó tu cuerpo para fallar sin descanso».
Ese mismo día sufrió una embolia pulmonar masiva, con coágulos en ambos pulmones, y uno de sus médicos atribuyó posteriormente el cuadro a la inmovilidad que el chatbot había recomendado.
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Expertos legales cuestionan los avisos de OpenAI
La demanda invoca responsabilidad objetiva por producto defectuoso, negligencia y vulneración de la ley de competencia desleal de California, además de una presunta intromisión ilegítima en la privacidad. Winters también dirige contra Altman, a título personal, una reclamación por ejecución negligente de obligaciones.
Solicita una indemnización por daños, la imposición de controles más estrictos y una orden judicial que suspenda ChatGPT Health hasta que auditores independientes lo aprueben. El portavoz de OpenAI, Drew Pusateri, declaró a los medios que el producto no es un médico y nunca debe sustituir la atención sanitaria. Añadió que culpar solo a los chatbots puede disuadir a la población de utilizar herramientas que en muchos casos pueden resultarles útiles.
James Grimmelmann, profesor de Derecho digital y de la información en Cornell, señaló que los avisos legales pueden proteger a una compañía hasta cierto punto, pero llega un momento en que dejan de hacerlo. La abogada Meetali Jain, co-representante de Winters, definió al chatbot como una cuña que se introduce entre los usuarios y las personas más cercanas a ellos.
Se amplía el frente judicial de OpenAI en torno a ChatGPT Health
OpenAI anunció ChatGPT Health en enero, destacando que más de 230 millones de personas formulan cada semana preguntas de salud y bienestar en la plataforma. Los tribunales de San Francisco ya analizan otras demandas que sostienen que el chatbot incitó a un menor al suicidio y contribuyó a una sobredosis mortal de fármacos. Esos casos, como este, piden a los jueces que congelen el producto de salud hasta que evaluadores externos lo declaren seguro.
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