La seguridad en blockchain nunca ha sido tan sofisticada. Las firmas de auditoría detectan fallos en contratos inteligentes en cuestión de horas. Las billeteras multifirma, los dispositivos de firma en hardware y las pruebas de conocimiento cero hacen que el robo “on-chain” sea cada vez más difícil incluso para adversarios técnicamente muy capacitados.
Sin embargo, en la primera mitad de 2026 los ladrones se hicieron con US$124 millones en criptoactivos sin escribir una sola línea de código de explotación.
Usaron llaves inglesas.
El informe Intel3D Wrench Attacks de CertiK para el primer semestre de 2026, publicado el 23 de julio de 2026, documenta un aumento brusco y acelerado de los ataques de coerción física contra personas identificadas —o percibidas— como tenedoras de criptomonedas. La cifra marca un ritmo que, de mantenerse, casi duplicaría el total de 2025. Los datos exigen atención seria tanto de quienes guardan sus cripto fuera de un exchange como de una industria que hasta ahora ha tratado la seguridad física como un problema ajeno.
En resumen
- Los ataques de coerción física contra tenedores de cripto sumaron US$124 millones en el primer semestre de 2026, marcando un ritmo que amenaza con duplicar las pérdidas de 2025.
- Según CertiK, los ataques han dejado de concentrarse en mercados emergentes: los incidentes en Norteamérica y Europa crecen con fuerza como porcentaje del total.
- La obsesión del sector con la protección “on-chain” ha creado un punto ciego: la autocustodia sin formación en seguridad operacional se ha convertido en un riesgo medible.
- El perfil de las víctimas se desplaza hacia tenedores de tamaño medio y usuarios muy visibles en redes sociales, no solo individuos de altísimo patrimonio o directivos de exchanges.
- La adopción de hardware wallets, sin prácticas de seguridad física asociadas, podría estar aumentando el riesgo en lugar de reducirlo para el inversor minorista.
Qué mide realmente el informe de “wrench attacks” de CertiK
El término “wrench attack” entró en el vocabulario de la seguridad cripto como una broma macabra pero práctica.
El criptógrafo Bruce Schneier formuló el concepto décadas antes de que existiera el sector cripto: si un atacante puede ejercer suficiente presión física, ninguna protección criptográfica importa. En los círculos cripto, el chiste se convirtió en meme y después en una categoría de amenaza documentada.
La unidad Intel3D de CertiK registra incidentes de coerción física que acaban en una transferencia de criptomonedas bajo amenaza. Esto abarca allanamientos de vivienda, robos en la vía pública, secuestros y desbloqueo forzado de dispositivos a punta de pistola. Su metodología cubre incidentes reportados públicamente, cotejados con análisis “on-chain” cuando se conocen las direcciones de los monederos, además de filtraciones y comunicados de fuerzas de seguridad en 38 jurisdicciones.
Los US$124 millones abarcan del 1 de enero al 30 de junio de 2026. No incluyen fraude, “phishing” ni exploits en cadena. Solo recogen casos en los que se usó fuerza física —o una amenaza creíble de fuerza— para obligar a la víctima a transferir sus activos.
Los US$124 millones del primer semestre de 2026 no son una proyección, recogen incidentes confirmados o corroborados forensicamente. Eso implica que, teniendo en cuenta los casos no denunciados, la cifra real casi con certeza es mayor.
Es un punto metodológico clave. La tasa de denuncia ante la policía de robos vinculados a cripto sigue siendo más baja que en el robo convencional en la mayoría de jurisdicciones, en parte porque las víctimas temen el escrutinio regulatorio sobre sus tenencias y en parte porque perciben escasas probabilidades de recuperación. Los analistas de CertiK estiman que los casos documentados representan solo entre el 60 % y el 70 % de los incidentes reales, basándose en conversaciones en foros de la dark web y patrones de reclamaciones de seguros.
El coste real del primer semestre de 2026 podría acercarse a los US$180‑200 millones.
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Cómo se compara el 1S‑2026 con los años anteriores
Para contextualizar los US$124 millones hay que entender la trayectoria. Antes de 2020, los ataques físicos vinculados a cripto eran una categoría marginal. El primer seguimiento sistemático, realizado por el investigador Jameson Lopp mediante su base de datos personal de incidentes de seguridad, registraba menos de 20 ataques documentados al año entre 2015 y 2018. Las pérdidas se medían, como mucho, en cientos de miles de dólares.
El punto de inflexión llegó en 2021. Bitcoin (BTC) superó por primera vez los US$60.000, los grandes medios inundaron las portadas con historias de “cripto millonarios” y, por primera vez, el universo de víctimas potenciales se volvió realmente amplio. La base de datos de Lopp recogió 32 ataques físicos documentados en 2021, frente a 15 en 2020. Para 2023, el número superaba los 60. En 2025, rebasó los 100 incidentes confirmados a escala global.
La metodología de CertiK lanza una red más amplia que el seguimiento individual de Lopp, lo que explica la divergencia en montos económicos. Pero ambas series apuntan en la misma dirección: una curva de aceleración clara.
Al ritmo marcado en el primer semestre de 2026, las pérdidas anuales por ataques físicos se situarían en torno a US$248 millones, casi el doble del total estimado de 2025, de US$132 millones, según el informe anual anterior de CertiK.
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La geografía del crimen cripto físico está cambiando
La narrativa inicial sobre los ataques físicos relacionados con cripto se centraba en América Latina y el Sudeste Asiático, regiones con alta adopción de cripto, menor capacidad policial y estructuras de crimen organizado ya operativas para atacar a personas de alto patrimonio. Ese encuadre geográfico ha quedado desfasado.
Los datos de CertiK para el primer semestre de 2026 muestran que Estados Unidos y Europa Occidental concentran conjuntamente el 38 % de los incidentes documentados por número de casos, frente a aproximadamente el 22 % en 2023.
Reino Unido, Países Bajos y Alemania han registrado todos ellos casos de alto perfil en 2026.
EE. UU. representó la mayor cuota por país, con un 19 % de los incidentes documentados a nivel mundial.
Este giro geográfico tiene explicación estructural. La normalización regulatoria —incluyendo la aprobación de ETF al contado de Bitcoin en EE. UU. y los marcos de cumplimiento de MiCA en Europa— ha hecho más visible la riqueza en cripto. Los inversores institucionales presentan información pública. Fundadores y ejecutivos suben a los escenarios de conferencias para hablar de sus carteras. Las obligaciones fiscales en múltiples jurisdicciones han generado trazas documentales que, en algunos casos, redes criminales sofisticadas habrían aprovechado para identificar objetivos.
Europa Occidental y Norteamérica concentran ya cerca del 40 % de los ataques físicos vinculados a cripto por número de casos, frente al 22 % en 2023. Es el segmento geográfico de crecimiento más rápido en la base de datos de CertiK.
El Sudeste Asiático sigue siendo una región de alto volumen, especialmente Tailandia, Vietnam e Indonesia, donde varios secuestros de alto perfil protagonizaron titulares internacionales en el primer trimestre de 2026. América Latina —con Brasil, Argentina y Colombia a la cabeza— continúa generando una proporción desmesurada de robos callejeros con sustracción de billeteras móviles. Pero la convergencia en la distribución geográfica implica que este ya no es un problema que los tenedores de cripto en países desarrollados puedan despachar como algo que solo sucede “allá afuera”.
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A quién están apuntando los atacantes en 2026
La imagen popular de la víctima de un “wrench attack” es la de un multimillonario cripto conocido públicamente. Esa percepción es cada vez menos cierta. El perfilado de incidentes de CertiK para el primer semestre de 2026 revela un desplazamiento significativo hacia tenedores de tamaño medio, personas con entre US$100.000 y US$5 millones en tenencias cripto documentadas o inferibles.
Este giro responde a la lógica económica del delito. Los individuos de altísimo patrimonio —fundadores de exchanges, grandes gestores de fondos, figuras públicas muy visibles— suelen contar ya con seguridad física dedicada. Muchos operan bajo seudónimos en su actividad on-chain.
Atacarlos implica un riesgo operativo elevado para las bandas. En cambio, los tenedores de nivel medio a menudo autocustodian sumas relevantes, viven en domicilios corrientes y apenas han tomado precauciones de seguridad física. La ecuación riesgo‑retorno se ha inclinado claramente a favor de este segmento.
La exposición en redes sociales aparece como factor previo en una parte sustancial de los casos.
El análisis de CertiK identificó que aproximadamente en el 43 % de los incidentes del primer semestre de 2026 en los que pudo reconstruirse la fase de reconocimiento previa, la víctima había publicado sobre sus tenencias cripto, mostrado hardware wallets, comentado el rendimiento de su cartera o asistido a eventos públicos del sector en los que fue fotografiada o grabada. Grupos de Telegram, publicaciones en Twitter/X, canales de Discord e incluso perfiles de LinkedIn que mencionan puestos vinculados a cripto han aparecido en los análisis posteriores a los incidentes.
En el 43 % de los casos del 1S‑2026 donde se pudo reconstruir la inteligencia previa al ataque, la víctima había señalado públicamente sus tenencias cripto a través de redes sociales, asistencia a eventos o perfiles profesionales.
Una categoría secundaria de objetivos que ha crecido de forma notable en el primer semestre de 2026 es la de empleados de exchanges y personal de atención al cliente. Redes criminales han utilizado supuestamente técnicas de ingeniería social para obtener datos parciales de clientes, insuficientes para vaciar monederos on-chain, pero sí para identificar a usuarios con grandes saldos y cruzar sus identidades con… Registros públicos. Al menos seis incidentes documentados en el primer semestre de 2026 en EE. UU. y Reino Unido afectaron a víctimas seleccionadas tras una probable correlación de datos internos, según las notas de incidentes de CertiK.
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La paradoja de la autocustodia: las hardware wallets pueden aumentar el riesgo para ciertos usuarios
Durante la última década, el sector de las hardware wallets ha defendido con acierto que mantener las criptomonedas fuera de los exchanges reduce el riesgo de contraparte. En su contexto original, el argumento es impecable: hackeos, insolvencias y rug pulls han evaporado miles de millones en fondos de clientes. La autocustodia reduce genuinamente esos riesgos. Pero los datos de CertiK del primer semestre de 2026 ponen sobre la mesa una consecuencia incómoda que la industria ha evitado afrontar.
Poseer una hardware wallet se ha convertido en una señal públicamente inferible.
Las compras de Ledger, Trezor, Foundation Devices y otros fabricantes han acabado en filtraciones de datos, la más célebre, la brecha en la base de datos de clientes de Ledger en 2020, que expuso nombres, teléfonos y direcciones físicas de unos 270.000 clientes.
Esos datos circulan desde entonces en mercados criminales y se han cruzado con analítica on-chain para estimar saldos de monederos.
Más allá de las filtraciones, el mero hecho de poseer y comentar el uso de hardware wallets en foros, reseñas o redes sociales indica que una persona se toma en serio la autocustodia y, por tanto, probablemente tiene activos que merecen la pena. Los analistas de CertiK señalan que señales vinculadas a hardware wallets aparecían en la fase de inteligencia previa al ataque en una proporción estadísticamente significativa de los casos del primer semestre de 2026.
La brecha de datos de Ledger en 2020 expuso 270.000 registros de clientes, incluidas direcciones físicas, y según el análisis de incidentes de CertiK del primer semestre de 2026, esos datos siguen circulando en redes criminales y figuran como información precursora en una fracción medible de los ataques físicos.
Esto no significa que las hardware wallets sean perjudiciales en términos netos. Significa que adoptar hardware wallets sin acompañarlas de una higiene operativa adecuada genera un perfil de riesgo específico y poco comprendido. El material educativo estándar del sector —copias de la semilla, protección con passphrase, configuraciones multifirma— se centra casi exclusivamente en amenazas on-chain. La modelización del riesgo físico se ha dejado, en la práctica, a que cada usuario la resuelva por su cuenta.
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Metodologías de ataque: cómo se robaron realmente los 124 millones de dólares
La taxonomía de incidentes de CertiK para el primer semestre de 2026 clasifica los ataques en cinco metodologías principales. Los asaltos domiciliarios siguen siendo la tipología más frecuente, con alrededor del 34 % de los casos documentados. Los robos en la vía pública —a menudo robo de móvil seguido de coacción— representan el 28 %. Los secuestros con petición de rescate, que tienden a generar las mayores pérdidas por incidente, suponen el 14 %, pero concentran una porción desproporcionada del valor total sustraído.
Las interceptaciones de vehículos, en las que la víctima es seguida y detenida mientras se desplaza, representan el 11 %. El resto de los casos se encuadra en circunstancias diversas o no aclaradas.
El capítulo de los secuestros con rescate merece una atención especial.
Varios casos del primer semestre de 2026 implican a grupos organizados con un conocimiento aparente de los saldos de los monederos de las víctimas en el momento del ataque, lo que apunta a inteligencia interna o a analítica on-chain sofisticada combinada con resolución de identidad. En al menos dos incidentes documentados, las víctimas fueron retenidas durante varios días mientras los atacantes recorrían de forma sistemática la estructura de los monederos, exigiendo claves de direcciones adicionales a medida que confirmaban las transferencias.
Las configuraciones multifirma parecen haber ofrecido una resistencia significativa en un subconjunto de casos. Cuando las víctimas lograron demostrar de forma creíble que se necesitaban cofirmantes adicionales para autorizar transacciones, y esos cofirmantes eran desconocidos o inaccesibles para los atacantes, varios incidentes terminaron en intentos abortados o pérdidas menores. Es una de las pocas contramedidas técnicas con eficacia demostrada en el mundo real frente a la coacción física.
Los secuestros con rescate representan solo el 14 % de los ataques físicos relacionados con cripto en el primer semestre de 2026, pero concentran una parte desproporcionada de las pérdidas totales, con varios casos en los que las víctimas fueron retenidas durante días mientras los atacantes vaciaban de forma sistemática sus estructuras de monederos.
Los mecanismos de bloqueo temporal (time-lock) y los monederos de coacción —una configuración que reserva un “monedero señuelo” con una fracción del patrimonio total para satisfacer al atacante— aparecen con frecuencia en la literatura de ciberseguridad, pero apenas se han probado en la práctica. El Glacier Protocol y otros marcos de autocustodia de alta seguridad recomiendan explícitamente estas configuraciones de monedero de coacción, pero su adopción entre el inversor minorista generalista es extremadamente baja. La brecha entre las contramedidas técnicas disponibles y su implementación real reproduce un patrón clásico en ciberseguridad: los usuarios más expuestos a un tipo concreto de ataque suelen ser los menos proclives a implantar las mitigaciones diseñadas para protegerlos.
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Respuesta policial: qué revelan los datos de cierre de casos
Los ataques físicos vinculados a cripto plantean desafíos singulares a las fuerzas de seguridad. La recuperación de activos tras transferencias on-chain es, en teoría, posible; firmas de análisis blockchain como Chainalysis y Elliptic han apoyado con éxito trazados de fondos en casos de hackeos a exchanges. Pero los casos de coacción física son estructuralmente distintos. Los atacantes suelen mover los fondos de inmediato a través de mixers, puentes cross-chain y protocolos de privacidad diseñados precisamente para romper el rastro forense.
Las tasas de esclarecimiento policial en los ataques físicos por cripto son sensiblemente inferiores a las de los robos convencionales. El informe de CertiK para el primer semestre de 2026 estima una tasa global de resolución en torno al 23 % para estos casos, frente a aproximadamente un 47 % en robos a mano armada tradicionales en jurisdicciones comparables, según las estadísticas de delincuencia del FBI. La recuperación de activos es aún más infrecuente: en el conjunto de casos documentados del primer semestre de 2026, la restitución total o parcial de fondos se produjo en menos del 8 % de los incidentes.
La unidad especializada en delitos cripto del FBI ha ampliado recursos en 2026 y varias policías nacionales europeas han creado equipos específicos. Pero la naturaleza transnacional de muchos casos —con atacantes operando a través de fronteras y moviendo fondos por infraestructuras descentralizadas— abre vacíos jurisdiccionales que ralentizan de forma notable las investigaciones.
Las tasas de esclarecimiento de ataques físicos relacionados con cripto rondan el 23 % a escala global, aproximadamente la mitad que en los robos a mano armada tradicionales, y la recuperación total o parcial de activos se produjo en menos del 8 % de los incidentes documentados en el primer semestre de 2026.
En el frente regulatorio se observan avances. El Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI/FATF) actualizó a finales de 2025 su guía sobre delitos con activos virtuales para incluir la coacción física como categoría diferenciada, que requiere formación específica y protocolos de cooperación transfronteriza. Varias jurisdicciones, entre ellas Singapur y Emiratos Árabes Unidos, han integrado la respuesta a delitos físicos con cripto en sus marcos nacionales de ciberdelincuencia. Pero la implementación va por detrás de las directrices y, por ahora, la realidad para la mayoría de las víctimas es que la persecución penal es incierta y la recuperación de fondos, improbable.
Lo que revela el mercado asegurador sobre el riesgo físico cuantificado
La aparición de datos a escala sobre ataques físicos relacionados con cripto ha abierto una nueva discusión actuarial en el mercado de seguros especializados. Los sindicatos de Lloyd’s of London y varios aseguradores de nicho radicados en Bermudas vienen desarrollando, de forma discreta, productos de cobertura para riesgo físico cripto desde 2023. La información del primer semestre de 2026 probablemente acelerará la maduración de este mercado.
Los productos actuales de seguro de custodia cripto, ofrecidos por aseguradoras como Evertas, Aon y determinados sindicatos de Lloyd’s, se han centrado históricamente en el robo on-chain, la insolvencia de plataformas y la pérdida de claves. La cobertura frente a coacción física existía, pero cara y con un alcance muy limitado. A medida que se acumulan datos de incidentes, los actuarios pueden tarificar el riesgo con mayor precisión, lo que suele traducirse en coberturas más amplias, aunque sigue abierta la incógnita de si las primas serán asumibles para tenedores minoristas de patrimonio medio.
La brecha aseguradora en autocustodia es considerable. Las soluciones de custodia institucional de Coinbase Custody, BitGo y Anchorage Digital incluyen marcos de cobertura con exigencias explícitas de seguridad física: certificaciones SOC 2, guardias armados, almacenamiento geográficamente distribuido de claves. No son meros requisitos documentales, sino mitigaciones reales del riesgo físico. La autocustodia minorista, por el contrario, carece de supervisión externa y de exigencias de cobertura, dejando al titular completamente expuesto.
Los seguros de custodia cripto especializados para clientes institucionales incorporan requisitos explícitos de seguridad física como condición de cobertura, unos requisitos que…que, en la práctica, no existen para el mercado minorista en autocustodia, dejando a los tenedores de tamaño medio con la mayor exposición relativa y la menor cobertura.
Los datos del primer semestre de 2026 también pueden influir en cómo los reguladores aborden los requisitos de información sobre autocustodia. Si el riesgo de ataque físico es cuantificable y se concentra en perfiles de titulares identificables —usuarios muy activos en redes sociales, compradores de hardware wallets, ponentes en conferencias—, existe un argumento regulatorio para marcos de divulgación similares a los que se aplican a otras actividades financieras de alto riesgo. Esto sigue siendo especulativo, pero ahora sí existen datos para respaldar ese debate de política pública, algo que no ocurría hace dos años.
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Qué prácticas de seguridad operativa reducen realmente el riesgo de ataques físicos
La comunidad de investigadores en seguridad ha desarrollado una taxonomía bastante clara de medidas de mitigación del riesgo físico respaldadas por el análisis de incidentes. El informe de CertiK del primer semestre de 2026 identifica prácticas cuya presencia es significativamente menor entre las víctimas frente a la población estimada de titulares, una suerte de correlación inversa que sugiere un efecto protector.
El factor protector con mayor correlación es, sencillamente, no divulgar públicamente las tenencias de criptoactivos. Parece obvio, pero se incumple constantemente. Paneles de conferencias, pódcast, carteras publicadas en redes sociales y biografías profesionales incluyen de forma habitual información específica de portafolio. Incluso describirse como “holder de Bitcoin a largo plazo desde 2017” en un foro público da a los atacantes señales suficientes para empezar a evaluar un objetivo: quienes compraron BTC en 2017 y aún conservan sus posiciones tienen, estadísticamente, altas probabilidades de acumular plusvalías no realizadas significativas.
Las prácticas de “inconsistencia geográfica” —no mantener rutinas de ubicación previsibles, variar rutas, evitar revelar el barrio de residencia en perfiles públicos— aparecen como un segundo factor protector en el análisis de incidentes. Los elementos de seguridad física —puertas reforzadas, sistemas de alarma, cámaras— se observan en un subconjunto menor de casos, lo que sugiere cierto efecto disuasorio frente a allanamientos, pero insuficiente para frenar a atacantes decididos.
El análisis de incidentes del conjunto de datos de CertiK para H1 2026 apunta a que abstenerse de divulgar públicamente las tenencias de cripto es el factor protector con mayor correlación, reduciendo el riesgo de ser seleccionado como objetivo de forma más contundente que cualquier configuración técnica de la wallet.
Las configuraciones multifirma con cofirmantes geográficamente separados son la mitigación técnica con el efecto protector real mejor documentado en el mundo físico.
Cuando la víctima puede demostrar con credibilidad que ninguna persona o ubicación controla por sí sola suficientes claves para autorizar una transacción, la economía básica del ataque se rompe. La mitigación no es infalible —hay casos documentados en los que los agresores trataron de localizar y coaccionar a los cofirmantes—, pero introduce suficiente fricción para disuadir una parte relevante de los ataques oportunistas.
La organización de investigación en seguridad Rekt HQ y analistas independientes como Lopp han publicado guías prácticas de seguridad operativa que abordan modelos de amenaza física.
Estos recursos existen, pero siguen estando enormemente infrautilizados en comparación con la base de usuarios en autocustodia a los que podrían proteger. Las wallets de la industria, los fabricantes de hardware y los exchanges que promueven la autocustodia, en general, han rehuido incorporar la educación en seguridad física como un pilar visible de sus procesos de alta de usuarios.
Lo que la industria debe admitir sobre su propio papel
La reacción del sector cripto a los 124 millones de dólares registrados en H1 2026 ha sido tibia. Ningún gran fabricante de hardware wallets, exchange o asociación sectorial ha emitido un comunicado ni ha actualizado sus guías de seguridad para usuarios tras el informe de CertiK. El contraste con la respuesta habitual ante exploits on-chain —post mortems detallados, calls de emergencia con la comunidad, parches inmediatos de protocolo— es llamativo.
Esta brecha de respuesta refleja un problema de incentivos estructurales. Los fallos de seguridad on-chain dañan la reputación de los protocolos y pueden detonar escrutinio regulatorio. Los ataques físicos contra usuarios generan empatía, pero no una responsabilidad reputacional directa para las plataformas y productos que esos usuarios eligieron. Un usuario que pierde fondos en un hack a un protocolo genera titulares que nombran a ese protocolo. Un usuario que pierde fondos amenazado con un arma en su casa genera, como mucho, un atestado policial local.
La defensa de la autocustodia por parte de la industria —“not your keys, not your coins”— ha sido enormemente exitosa como norma cultural. Esa narrativa impulsó cientos de millones de dólares en ventas de hardware wallets y contribuyó al traslado de miles de millones en activos fuera de los exchanges. Pero nunca se acompañó de una campaña de calado equivalente en torno a la seguridad operativa física. El mensaje ha estado incompleto, y esa omisión hoy es medible en fondos perdidos y, en algunos casos documentados, en daños físicos a las personas.
La defensa de la autocustodia por parte de la industria cripto ha sido muy efectiva para sacar activos de los exchanges, pero no se ha visto acompañada de una guía de seguridad operativa física; una omisión que la cifra de 124 millones de dólares de H1 2026 recopilada por CertiK cuantifica ahora de forma directa.
Hay indicios de que esto empieza a cambiar. Ledger introdujo a comienzos de 2026 una sección de “consejos de seguridad” en su web que aborda algunos escenarios de amenaza física. Varias firmas cripto-nativas de seguridad, entre ellas Casa, han incorporado el modelado de amenazas físicas en los flujos de alta de sus productos multifirma. El proyecto Bitcoin Security University, una iniciativa educativa liderada por la comunidad, añadió en el segundo trimestre de 2026 un módulo específico de currículo sobre seguridad física. Son avances significativos, pero aún muy modestos en relación con la magnitud del problema documentado y en expansión.
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Reflexiones finales
Los 124 millones de dólares en pérdidas por ataques físicos vinculados a cripto registrados en el primer semestre de 2026 no son una anomalía. Son el resultado previsible de un sistema en el que la seguridad criptográfica ha avanzado a gran velocidad mientras la cultura de seguridad física apenas se ha movido.
La industria ha endurecido con éxito la infraestructura on-chain frente a adversarios sofisticados. Al hacerlo, ha desviado a los ladrones más determinados hacia el único vector de ataque frente al que la criptografía no sirve de nada: la persona que guarda las claves.
Los datos de CertiK marcan un punto de inflexión.
Las pérdidas por ataques físicos son ya lo bastante cuantiosas, geográficamente extendidas y demográficamente diversas como para constituir un riesgo sistémico para el ecosistema de autocustodia. El perfil de víctima predominante en 2026 no es el fundador multimillonario ni el custodio institucional, sino el tenedor minorista de tamaño medio. Es precisamente a ese usuario al que la industria animó con más insistencia a pasar a la autocustodia. La obligación educativa derivada de esa recomendación sigue, en gran medida, sin cumplirse.





