Diego Martin, de Yellow, sostiene que la demanda más sólida que se está formando en el mercado cripto ya no procede del minorista que persigue la narrativa de moda, sino del nuevo cruce entre inteligencia artificial y Web3, donde agentes autónomos podrían convertirse en usuarios recurrentes de la infraestructura on-chain.
En una entrevista con Yellow.com, Martin afirmó que la demanda cripto ligada a la IA se diferencia de los ciclos anteriores porque está empezando a construirse desde el lado de la compra y no solo a través de nuevas emisiones de tokens.
“Es la demanda más real que he visto en años”, dijo Martin, subrayando que su visión se basa en observar el flujo en los libros de órdenes, no únicamente los gráficos de precios.
Su argumento es que la mayoría de las narrativas en cripto han seguido históricamente el mismo patrón: salen nuevos tokens, la liquidez rota de un tema a otro y el minorista entra arrastrado por la especulación a corto plazo. La categoría IA‑Web3, señaló, parece estar desarrollándose de forma distinta porque el usuario final puede que no siempre sea humano.
Las máquinas podrían ser los próximos compradores
Según Martin, la parte más convincente de la tesis IA‑Web3 es que la demanda futura podría venir de máquinas que pagan por servicios, no de traders que apuestan por una revalorización del precio.
“Puede que el comprador ni siquiera sea un humano emocionado”, apuntó. “Es una máquina que necesita sus créditos de IA —por ejemplo, para Claude— o que requiere acceso a este tipo de tecnología”.
Si eso se consolida, altera la estructura de mercado. Los agentes de IA podrían tener que pagar por cómputo, datos, suscripciones, derechos de acceso, servicios de liquidación y otras funciones máquina a máquina. Esos pagos generarían uso recurrente, en lugar de una puja especulativa puntual.
Martin cree que los agentes acabarán “pagándose entre sí y cubriéndose” mediante tokens de utilidad vinculados a la IA, créditos o capas de liquidación. En ese escenario, la demanda crecería a medida que aumentase la actividad de los agentes, en lugar de evaporarse cuando la atención minorista salte al siguiente sector.
Por eso ve la IA‑Web3 como uno de los pocos temas del ciclo actual con posibilidad de generar demanda estructural.
“El capital no solo está siendo pegajoso y rota menos, sino que se acumula y se queda”, resumió.
Burbuja e infraestructura pueden convivir
Martin no descarta que los criptoactivos ligados a la IA estén ya en una fase claramente especulativa. Matiza, sin embargo, que las burbujas y las revoluciones tecnológicas tienden a darse al mismo tiempo.
Compara el despliegue actual de IA‑cripto con la era puntocom, cuando muchas compañías de internet quebraron aunque la tecnología subyacente se volvió esencial.
“La burbuja y la revolución no están en conflicto. Son el mismo evento”, dijo Martin. “Internet no murió en 2001. Murieron webs concretas”.
A su juicio, el próximo estrechamiento de liquidez actuará como un filtro. Los proyectos que resuelvan problemas reales y generen uso podrían sobrevivir. Los que existen principalmente porque pueden emitir un token tienen muchas más probabilidades de desaparecer.
Su test para fundadores e inversores es sencillo: ¿el proyecto seguiría existiendo si no pudiera imprimir un token?
Si la respuesta es sí, y el proyecto tiene usuarios, ingresos y flujo de caja, Martin lo considera potencial infraestructura. Si la respuesta es no, el token probablemente es el producto en sí, lo que lo deja expuesto cuando la liquidez se contrae.
“La inmensa mayoría de proyectos que se lanzan hoy no necesitan en absoluto un token”, afirmó. “Lo emiten porque necesitan crear demanda para ese token, no porque el problema exista”.
Los libros de órdenes muestran lo que ocultan los gráficos
Martin cree que uno de los grandes errores del inversor medio es depender en exceso de los gráficos de precios sin analizar la estructura de mercado subyacente.
También te puede interesar: Intercepción rusa al grupo de portaaviones británico: así valoran los mercados de predicción el pulso en el Ártico Algunos tokens pueden aparentar una fuerte subida, señaló, mientras el libro de órdenes cuenta otra historia muy distinta. En esos casos, el mercado puede parecer sólido en la superficie aunque insiders o primeros participantes estén intentando salir.
“Veo tokens que se disparan, pero en el libro solo hay órdenes de venta”, explicó Martin. “Todo el mundo intenta salir”.
Para él, esto suele ser señal de demanda fabricada. Un proyecto o un actor vinculado puede estar absorbiendo la presión vendedora para mantener un gráfico saludable, aunque el libro revele debilidad.
“El gráfico te dice que esto va a lucir genial, pero el libro de órdenes te está diciendo que es una bomba de relojería”, advirtió.
Esa distinción importa ahora que los tokens IA‑Web3 atraen más atención. Un precio al alza, por sí solo, no prueba que exista demanda real. Martin recomienda a los inversores fijarse en el uso, los ingresos, la profundidad del libro de órdenes y si la demanda se mantiene en periodos de tensión.
El próximo shock de liquidez será la prueba
Martin señaló la caída de mercado del 10 de octubre como ejemplo de cuán rápido desaparece la demanda fabricada cuando la liquidez global se seca. En su opinión, los shocks repentinos revelan la diferencia entre infraestructura y pura especulación.
“Cuando la liquidez global se seca y las tuberías se congelan, la demanda fabricada se evapora en un solo día”, dijo. “El uso real sigue ahí”.
Por eso cree que el próximo crash no tumbara la tesis IA‑Web3, sino que separará los proyectos creíbles de las estructuras que solo viven del token. Los más propensos a sobrevivir serán los que resuelvan problemas de infraestructura, generen caja y atiendan a usuarios que necesitan el producto con independencia del precio del token.
Para Martin, las señales clave no son el ruido de marketing, la marca ni el rendimiento a corto plazo. Son si los usuarios siguen transaccionando, si hay ingresos y si el libro de órdenes refleja compras genuinas en lugar de soporte artificial.
“Si eliges a los ganadores solo mirando el gráfico, vas a comprar los peores”, advirtió. “Mira las tuberías, mira el libro de órdenes”.
El minorista ya no mueve la mayor parte del volumen
Martin añade que los traders minoristas representan cada vez una porción menor del volumen total en cripto. A su juicio, la mayor parte del turnover actual la generan bots, creadores de mercado, sistemas de arbitraje y otras estrategias programáticas.
“La mayoría del volumen es máquinas ejecutando estrategias sin emoción”, señaló. “Y la mayoría del dolor es humano”.
Ese giro refuerza su tesis de fondo. Si la actividad en cripto está cada vez más dominada por máquinas, que los agentes de IA se conviertan en actores económicos no es un escenario lejano: puede ser la siguiente fase de un mercado ya dominado por la ejecución automatizada.
Martin sostiene que los inversores minoristas siguen siendo quienes más sufren en las liquidaciones porque entran en posiciones de forma emocional y son expulsados por los sistemas de apalancamiento antes de poder reaccionar. Los bots no entran en pánico, dice; las personas, sí.
En los próximos 12 a 15 meses, espera que los agentes sean más visibles como participantes económicos: comprando servicios, transaccionando y sumando actividad de mercado de forma menos emocional y más ligada a la utilidad.
La implicación para el cripto es profunda. Si los agentes de IA se convierten en compradores recurrentes de cómputo, acceso y servicios de liquidación, el próximo gran ciclo de demanda podría no parecerse en nada a las rotaciones lideradas por el minorista de años anteriores.
Podría ser más silencioso, más automatizado y mucho más impulsado por infraestructura.
La cuestión, concluye Martin, es qué proyectos están construyendo de verdad para ese futuro y cuáles se limitan a usar la IA como la última narrativa para lanzar un token.
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