El consejero delegado de OpenAI, Sam Altman, reconoce que subestimó lo lenta que sería la transformación económica impulsada por la inteligencia artificial, después de que la compañía comunicara 6.700 millones de dólares de ingresos en el segundo trimestre.
Claves:
- OpenAI declaró 6.700 millones de dólares de facturación en el segundo trimestre, mientras Altman admitía que la adopción de la IA avanza más despacio de lo que esperaba.
- Altman señaló que la inercia económica y los hábitos de trabajo consolidados están retrasando la disrupción, pese a la rápida mejora de las capacidades de la IA.
- Prevê que la interacción humana seguirá siendo valiosa a medida que el trabajo se digitalice y automatice aún más.
El calendario de Altman para la IA
The Wall Street Journal informó la semana pasada de que OpenAI generó 6.700 millones de dólares en el trimestre cerrado en junio, un 17,5% más que los 5.700 millones del primer trimestre. Su pérdida operativa aumentó un 32,3%, hasta 12.300 millones de dólares.
En una entrevista con el periodista freelance David Senra, Altman afirmó que esperaba que GPT-4 pusiera «los negocios de software al alcance de cualquiera de inmediato» y detonara una disrupción económica mucho más rápida. Eso no ocurrió.
Altman explicó que «la economía tiene muchísima inercia», con personas y empresas que siguen recurriendo a compañías, herramientas y rutinas conocidas incluso cuando hay disponibles productos de IA más potentes. Calificó esa resistencia como algo positivo porque puede suavizar la transición, pero reconoció que «todos hemos sido demasiado ambiciosos con los plazos».
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La brecha en la adopción de OpenAI
Altman señaló que la distancia entre capacidad y adopción es visible en el trabajo cotidiano: la gente sigue saltando entre aplicaciones, revisando el correo sin parar y copiando y pegando información. Esos hábitos persisten pese a que OpenAI ya ha desarrollado herramientas capaces de automatizar o simplificar buena parte de esos flujos de trabajo.
También criticó la comunicación pública de la industria de la IA, que —a su juicio— se ha centrado en exceso en los riesgos catastróficos y la destrucción de empleo, sin explicar con claridad los beneficios prácticos ni cómo pueden acotarse los posibles efectos negativos.
El debate, sostuvo, suele pasar por alto cómo la IA podría dar más poder y libertad personal a los usuarios.
Altman sigue esperando mejoras rápidas en los sistemas de IA, pero no cree que una mejor automatización vaya a acabar con el valor de la interacción humana. Considera que la gente seguirá buscando el contacto con otras personas incluso cuando la IA sea capaz de generar contenidos de mayor calidad, mantener conversaciones más sofisticadas o completar tareas con más eficiencia.
La propia trayectoria de OpenAI refleja ese avance más gradual: Altman recordó que la empresa, fundada en 2016, tardó alrededor de cuatro años y medio en lograr un gran salto tecnológico. Incluso después del lanzamiento de ChatGPT, algunos empleados dudaban de que su crecimiento fuera sostenible, mientras que el inversor Peter Thiel instó a Altman a centrarse en el chatbot como una nueva interfaz, similar al buscador de Google.
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